Reserva Nacional Las Guaitecas: Entre cuerdas y cadenas metálicas de un centro de cultivo murió una ballena en peligro de extinción

Salmonicultura

El pasado viernes 01 de mayo se dió a conocer el lamentable y evitable hecho de la aparición de un cetáceo atrapado en redes del centro de cultivo salmonero Matilde 3 de la empresa Australis Mar. Ubicado a siete horas de navegación desde Puerto Aysén, en Isla Matilde.

Allí fue encontrado el cadáver de una ballena de aproximadamente 15 metros de longitud. Enredada en mallas al costado de una de las balsas jaula varó esta especie acuática, atrapada casi en todo su cuerpo por cuerdas de distintos tamaños y por una cadena metálica. Se trataba de una ballena Sei (Balaenoptera borealis),  especie catalogada en peligro de extinción por la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

El Centro de cultivo responsable del hecho se encuentra en la Reserva Nacional Las Guaitecas (espacio que forma parte del Sistema Nacional de Áreas Protegidas) donde el Estado de Chile ha favorecido la instalación de un sin número de centros de cultivos de salmones, así como también en otros lugares protegidos, por sobre áreas de gran biodiversidad marina y de alta prioridad de conservación. 

En este sentido, uno se pregunta ¿puede la industria salmonera instalarse en áreas protegidas? la respuesta es no, según el artículo 158 de la Ley de pesca “las zonas lacustres, fluviales y marítimas que forman parte del Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas del Estado quedarán excluidas de toda actividad pesquera extractiva y de acuicultura”, no obstante, los incisos 2° y 3° del mismo artículo excluye las Reservas Nacionales y Forestales, en cuyas zonas marítimas está autorizado el desarrollo de actividades acuícolas e incluso el uso de espacios terrestres para los fines nombrados. 

La interrogante es cómo pretenden preservar los ecosistemas y su biodiversidad si a la vez permiten el cultivo e introducción de especies que no son propias de Chile y, por si fuera poco, lo hacen en zonas protegidas y derechamente en Reservas Nacionales. 

La salmonicultura en Chile 

Durante las últimas décadas se ha favorecido las instalaciones de más de 300 concesiones de salmonicultura, generando un riesgo para la conservación de especies, ya que ponen en riesgo la vida marina, sin importarles siquiera las especies en peligro de extinción. 

La salmonicultura se ha convertido en una de las principales actividades económicas del país, siendo la segunda actividad exportadora. Esto posiciona a Chile como el segundo país productor de salmón a nivel mundial, el primero es Noruega. 

La zona austral de Chile es donde se posicionan estos cultivos de especies introducidas y que por ende alteran el ecosistema. El 98,9 % de las cosechas totales del país se encuentran en las regiones de los Lagos, Aysén y Magallanes, alcanzando 1.388 concesiones salmoneras otorgadas –537 en la Región de Los Lagos, 724 en la de Aysén y 127 en la de Magallanes– y 245 en trámite a enero del presente año. 

Paradójicamente estas tres regiones tienen la mayor cantidad de superficie protegida del Sistema Nacional de Áreas Protegidas del Estado (SNASPE) y el 58,3 % de la superficie total de estas regiones está resguardada a través de algún sistema de protección. 

A pesar de contar con un vasto terreno protegido los órganos del estado han aprobado un sin número de concesiones acuícolas, sobre todo de salmones, en sectores cercanos a áreas protegidas e incluso dentro de ellas. Gracias a los incisos 2° y 3° del artículo 158 de la ley de pesca mencionada anteriormente. 

Esto es una clara amenaza para la conservación y protección de las especies, debido a las consecuencias negativas de la industria salmonera chilena. Pese a la importancia que ésta práctica representa para la economía nacional producto de su alta rentabilidad, posee dañinos efectos adversos como la sedimentación de materia orgánica, uso indiscriminado de agentes químicos, escapes de especies exóticas, entre otras. 

La autorización de instalación de centros de cultivos de especies que no son  propias de este país, como lo son los salmones,  en áreas protegidas o derechamente en  Reservas Nacionales y forestales es un hecho, gracias a las nefastas instituciones medioambientales del Estado y su orgánica, como el Sistema de Estudio de Impacto Ambiental, que evalúa y aprueba estos proyectos.

En este sentido, existen las Áreas Apropiadas para el ejercicio de la Acuicultura (AAA), que son zonas geográficas que, por decreto del Ministerio de Defensa Nacional, son aptas para su práctica, aunque sean espacios “protegidos” y de importante conservación para distintas especies, como por ejemplo la ballena Sei. 

Ballena sei: una especie en peligro de extinción 

Se estima que en el mundo hay solo 60.000 ejemplares de esta especie. La mayor causa de muerte es por captura incidental y enmallamiento en redes de pesca. Además existen otras causas como la contaminación por insecticidas y fertilizantes utilizados en la agricultura, colisiones con grandes embarcaciones, la contaminación por plásticos y la reducción de las poblaciones de krill, debido al aumento de la temperatura de los océanos por el calentamiento global. 

Como si fuera poco en la zona sur de Chile las ballenas deben hacer frente a la de espacio provocada por la estructura de los cultivos de salmones, desencadenando situaciones inaceptables como lo sucedido con el ejemplar que varó en el centro de cultivo Matilde 3. 

La ballena sei puede llegar a medir hasta 18 metros. Pueden llegar a vivir hasta 70 años y sus principales amenazas son producidas por la acción incontrolada del ser humano.  En el hemisferio sur existe una población de alrededor de 10 mil ejemplares. 

Espacios como la Reserva Nacional Las Guaitecas, albergan una gran variedad de especies, tal como la ballena sei, también se encuentran ballenas azules, delfines chilenos, aves marinas como pingüinos, albatros, cormoranes y fardelas e invertebrados, especialmente corales de agua fría. 

Bajo este escenario de total desprotección de importantes ecosistemas, es menester abordar esta compleja situación, cuyo origen parte de preceptos deficientes y de entidades que a lo largo de la historia han dado paso a la creación de cientos de salmoneras en lugares incompatibles con esta práctica. 

La actividad industrial salmonera no tiene cabida en espacios destinados a la conservación, los múltiples impactos ambientales lo demuestran. El Estado de Chile es el encargado de respetar estas áreas de protección oficiales y no de crear decretos que permitan explotar territorios sagrados como las Reservas Nacionales y Forestales. 

Actualmente la salmonicultura atenta contra ecosistemas protegidos, poniendo en riesgo la vida marina y la existencia de especies en peligro de extinción como la ballena Sei.